jueves, 24 de marzo de 2011

Víctor José Maicas. Artículo




NUEVA YORK, Y LOS CONTRASTES
SOCIALES EN PLENO PRIMER MUNDO

    Recuerdo que al llegar de madrugada a Nueva York, el taxista que me condujo hasta mi hotel debía ser el último servicio que realizaba, pues además de no tener prisa en la carrera, se explayó durante un buen rato intentando saciar su curiosidad con mil y una preguntas. Y la verdad sea dicha, también yo tenía ganas de charlar y saber algo más de aquella ciudad pero de boca de uno de sus habitantes.
    El taxista en cuestión resultó ser de origen, cómo no, hispano, y una de las respuestas que más le sorprendió fue cuando le indiqué las diferencias en materia de derechos sociales que existen entre Europa y EE.UU. Para aliviar su curiosidad respecto a qué tal se vivía en el viejo continente, le indiqué las ventajas que cualquier ciudadano de nuestro país tiene en sanidad, educación o pensiones, a lo cual no tardó en mostrarme su incredulidad por todo aquello que le estaba haciendo saber. Pero para que viese que todo lo que le estaba contando no eran exageraciones simplemente para hacerle ver que, en ese sentido, el lugar del que procedía era un sitio de ensueño comparado con su ciudad, le comenté que existían otros países como Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia en donde esas mejoras sociales se multiplicaban por tres o por cuatro. Y tan pronto terminé de relatarle algunas de esas mejoras, se giró hacia mí y, con el rostro serio y certero me dijo, “pero oiga, eso es comunismo, ¿no?”.
    Bien, fue entonces cuando le hice saber que estos países tienen una honda tradición democrática y que, si actuaban de esta forma, era porque habían conseguido desarrollar con los años un tipo de sociedad solidaria creada a través del pensamiento y la equidad. La verdad es que en Europa nos quejamos, y con razón, de la poca información de provecho que se nos suele dar en los medios de comunicación convencionales, pero por lo que parece la realidad de los EE.UU. en este sentido es para ponerse a temblar. Sí, ahora comprendo, viendo su “cultura general”, cómo le cuesta tanto a Obama instaurar definitivamente un sistema público sanitario.
    Pero al margen de esta anécdota, en cierto modo bastante significativa para saber la forma de pensar de esta gente, y eso que Nueva York es una de las ciudades más progresistas de los EE.UU., mi objetivo fue informarme lo antes posible acerca de cómo sería la forma más práctica de visitar sus dos grandes barrios: Manhattan y el Bronx. Tenía claro que el primero lo visitaría caminando, pues sin duda es la forma más eficaz y atractiva de visitar cualquier ciudad. Pero respecto al Bronx tenía mis dudas, pues por lo que había averiguado, este barrio todavía seguía siendo bastante inseguro a pesar de haber mejorado en los últimos años en este sentido. Fue entonces cuando le pregunté a un lugareño que me indicara cómo debía hacerlo, a lo cual me respondió rápidamente que: “¿para qué quiere visitar el Bronx, si ahí no hay nada que le pueda interesar a un turista? Como mucho, ver el estadio de los “yanquis”, y para eso lo mejor es contratar una excursión en alguna agencia”, me acabó diciendo. Pese a todo, le indiqué que mi curiosidad iba más allá, que lo que pretendía era ver la forma de vida de ese barrio, y fue en ese momento cuando, al darse cuenta de mi curiosidad, me contó algunas de las cosas que suelen suceder en sus dominios. Me advirtió que no fuera caminando hasta allí, que cogiera un taxi, pero que tuviese en cuenta que éstos, por regla general, se negarían a llevarme por la noche. Y tras hacerme esta indicación, aquel lugareño intentó explicarme, como acabo de decir, esas cosas que no te suelen contar en los medios de comunicación.
    Así pues, y por lo que me comentó el mencionado lugareño, el “Bronx” es un barrio en el que, en cierto modo, la vida no vale casi nada y en donde la supervivencia es prácticamente la única pertenencia real que sus habitantes guardan en su escaso equipaje. Por lo que parece, el alto grado de delincuencia hace que todo tenga un precio, pero a la baja, mientras que la media de vida de sus habitantes se sitúa por regla general por debajo de la de sus vecinos de Manhattan. Los traficantes, en el Bronx, no suelen esconder sus moradas a los agentes de la ley, sino que más bien los retan para poder calibrar realmente su fuerza, pues según me explicó, y más tarde pude ver yo mismo, en algunas calles varias decenas de zapatillas colgadas en los cables del tendido eléctrico simbolizaban el control del territorio, como si de una jauría hambrienta de leones se tratara.
    Muchos de estos marginados sociales son los reyes de la miseria, y también, de la noche. Ésta, la noche, los encumbra por unas horas a sentirse dueños de todo, a pensar que están por encima del bien y del mal. No importa el futuro, puesto que al parecer no lo tienen, y la inmediatez de sus actos es la única recompensa terrenal que la vida les pueda dar. Vida y muerte se mezclan en la oscuridad hasta que el sol vuelve a despuntar, declarándose entonces una tregua momentánea hasta que la gran estrella nuevamente desaparece. Una vez oculta de nuevo, la jauría humana vuelve a tomar las calles sin saber si volverán a contemplar un nuevo amanecer, ése que sólo está reservado a los más fuertes, pues el mundo de la claridad no les pertenece. Por caprichos del destino han nacido en un barrio pobre, y su marca la llevarán posiblemente de por vida. El mundo de la opulencia los ha relegado a un segundo plano, o más bien a un tercer o cuarto plano, pues por lo que parece salir de ese círculo vicioso no consiste simplemente en ser honesto o trabajador, ya que la entrada al gran mundo de los opulentos sólo les está permitida a los ricos o, en el mejor de los casos, a alguien que pudiera ofrecerles algo a cambio.
    Pero lo más curioso de todo es que la precariedad e inseguridad de este barrio neoyorquino sólo dista unos cuantos metros de la riqueza y opulencia de Manhattan, un cambio radical teniendo en cuenta que tan sólo un puente los separa. Dos barrios contiguos, pero dos mundos totalmente diferentes. Cruzar el puente supone algo más que cambiar de barrio o distrito, puesto que en realidad eso significa abandonar una pesadilla para por fin empezar a soñar. Aquel puente que metafóricamente separa la esperanza de la resignación representa todo aquello que muchos han soñado durante su niñez, un paraíso de opulencia en el que los elegidos realizan sus verdaderos sueños, y no unos sueños frustrados como por regla general se puede observar cada mañana en el Bronx. Manhattan, en cambio, es el mundo de los triunfadores, ese mundo en el que generalmente sus habitantes no suelen mirar de reojo ya que su única meta suelen ser ellos mismos, aunque en la otra parte del puente la esperanza no tenga ninguna oportunidad.
    En realidad, por lo que parece a mucha gente pudiente se la ha educado en la creencia de que este mundo en el que vivimos es un mundo de supervivientes y ellos son, precisamente uno de ellos, y si las futuras generaciones del Bronx u otros lugares del planeta no pueden salir de la miseria, ese no es su problema, sino el de otros o, en todo caso, el del desdichado destino de esas pobres gentes. Manhattan pues, parece que sea el techo del mundo, un lugar desde donde se observa por encima al resto de edificios de los barrios colindantes y a los miles de neones que adornan las magníficas avenidas de esta espectacular y rica ciudad. En este barrio no suelen haber fábricas, pues lo único que se produce a gran escala en él es dinero y glamour. Los agentes de bolsa, vestidos impecablemente por los mejores modistos, comparten las aceras con las actrices y modelos de altos vuelos que, escoltadas en todo momento por sus lujosas limusinas, invaden teatros y boutiques de alta costura. Y entre todos ellos, aquellos otros triunfadores venidos de cualquier lugar del mundo los cuales pasean sus excelencias dejándose ver por una plebe venida de otros barrios que tan sólo sirve posiblemente para dar un toque de color y vistosidad a Manhattan y para, evidentemente, mantener con vida los engranajes de este deslumbrante y glamoroso rincón del planeta.
   Tras abandonar Nueva York, una inquietante sensación, además de una terrible y constante pregunta, invadió mi mente: si los mandatarios del primer mundo son capaces de consentir estas desigualdades entre sus propios súbditos, ¿qué no serán capaces de consentir en el llamado tercer mundo?

Víctor J. Maicas
*escritor.

Víctor José Maicas. Artículo.



¿NO SIENTEN VERGÜENZA LOS MANDATARIOS MUNDIALES?

    La verdad es que, lógicamente, esta es una de esas preguntas que sólo ellos pueden contestar, pero lo cierto es que tanto a mí como a muchos otros ciudadanos nos produce vergüenza ajena su forma de actuar. Pero quizá incluso más que vergüenza, lo que nos produce es rabia e indignación ante lo que parece más bien hipocresía ante unos determinados intereses económicos y estratégicos.
     Pero en primer lugar, y para que no hayan interpretaciones malintencionadas ante lo que voy a decir, diré que me alegro enormemente de que por fin se hayan activado todos los mecanismos para derribar a un cruel dictador como lo es Gadafi. Sí, celebro que en apenas veinticuatro horas tanto la ONU como la mayor parte de los mandatarios mundiales con algún peso específico se hayan decidido a hacerle frente, algo que por otro lado hubiesen podido hacer hace ya varios años. Pero bueno, hay un refrán que dice que “nunca es tarde si la dicha es buena”.
    No obstante, y una vez aclarado este punto, ¿por qué no actúan de igual forma ante todos aquellos que presumiblemente vulneran también los Derechos Humanos? ¿Por qué es ahora, cuando el dictador libio está entre la espada y la pared, cuando actúan? ¿Es que hace unos meses no vulneraba los derechos de sus ciudadanos? ¿O es que es precisamente ahora cuando está en juego su petróleo? Ya se oyen voces diciendo que van a llevarlo ante el Tribunal Penal Internacional (lo cual me parece perfecto), pero… ¿por qué no se lleva también a dicho Tribunal a los posibles responsables de determinados actos como los ocurridos en la franja de Gaza, o casos de muertes de periodistas como por ejemplo el caso de José Couso?
    Pero no, quizá esas cosas ya no interesen, pues al menos por lo que parece, están bajo control. Y así, de esa forma, la ciudadanía del mundo entero tenemos que observar impertérritos cómo por ejemplo Simón Peres, presidente de Israel, va dando la mano a un montón de gente que le va regalando sonrisas (políticos, deportistas, empresarios…) mientras que por lo que parece su país sigue sin cumplir determinadas resoluciones de Naciones Unidas. Pero si vamos a la hemeroteca, posiblemente descubriremos también muestras de cordialidad de los mandatarios mundiales ante personajes como el dictador guineano Obiang Nguema o el ya desparecido Pinochet, entre otros muchos individuos de esta índole.
    Por cierto, se han dado una prisa enorme en condenar y poner sanciones al dictador libio (de lo cual vuelvo a reiterar que me alegro), ¿pero por qué no se han dado tanta prisa y han sido mucho más eficaces a la hora de solucionar el drama de los refugiados que están atravesando la frontera de Libia con Túnez? Es cierto que estos refugiados no llevan un pozo de petróleo debajo del brazo, pero son personas y por lo tanto lo más importante a proteger en cualquier conflicto… ¿o no, señores mandatarios mundiales?
    Y un último apunte, ¿se acuerdan de Myanmar, aquel país asiático en el cual su junta militar acabó con todas las protestas de forma cruel y salvaje? ¿Los han llevado ante el Tribunal Penal Internacional, o siguen gobernando aquel país? ¿Será que no existen grandes intereses petrolíferos en Myanmar?
    Bien, pues así va el mundo y, en cierto modo, así nos va a todos.

Víctor J. Maicas.
*escritor.

domingo, 13 de marzo de 2011

Videos del acto en el Consell Valenciá de Cultura, contra la violencia de género


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Juan Fran Núñez Parreño. Poesía





A LAS MUJERES

Son perfección de la naturaleza,
únicas capaces de crear vidas,
maravillosas de pies a cabeza,
son diosas, son nuestras madres queridas,
abuelas, hijas, amigas, hermanas,
son seres de milagrosos poderes,
necesarias en noches, en mañanas,
siempre, no habría mundo sin mujeres,
seríamos sólo nada sin ellas,
besemos donde pisan, en sus huellas,
merecen que las hagamos dichosas,
hagámoslas sentir maravillosas.
Maldito sea quien no les dé amor,
y que muera quien les cause dolor.


Del libro “Lo Veo Negro”,
Juan Fran Núñez Parreño
Albacete, España.


Enrique Arias Vega. Artículo





LOS ÁRABES YA CREEN A ESTADOS UNIDOS
Julian Assange no ha sido el inspirador de las revueltas en los países árabes, por supuesto, pero su portal Wikileaks sí ha tenido que ver, y mucho, con el tiempo y con las formas de ese movimiento revolucionario.
Hasta hace unas semanas, como quien dice, cualquier crítica hacia las satrapías que mal gobiernan aquellos países sólo era interpretada como una falsa y odiosa propaganda imperialista. Lo bueno de Wikileaks ha sido desvelar algo que la diplomacia norteamericana mantenía para exclusivo uso interno, lo que le ha dotado de absoluta credibilidad.
Gracias a la filtración de esas informaciones, los súbditos de los regímenes corruptos desde el Magreb hasta el Golfo Pérsico se han enterado del expolio sistemático realizado por la esposa de Ben Alí en Túnez, la fortuna en el extranjero del egipcio Mubarak o el delirante despilfarro de los hijos de Gadafi.
Y no sólo lo han creído sino que ya no lo quieren aguantar más.
Muchos jóvenes árabes —como los de otros países también sumidos en la pobreza y la represión—, pese a la generalizada propaganda anti USA calzan los mismos sneakers que sus colegas del Bronx, imitan sus comportamientos, ven idénticos clips musicales y al igual que ellos utilizan Facebook y otras redes sociales.
Esa socialización del mundo global, ese peligro de contagio de la libertad, es lo que perturba a todas las dictaduras, desde la cubana hasta la de Pekín, pasando por histriónicos personajes como Hugo Chávez.
Y es que una vez que la gente ha descubierto la democracia, con todas sus dificultades e imperfecciones, ya nunca más quiere vivir sin ella.


Enrique Arias Vega.
Valencia, España.

sábado, 5 de marzo de 2011

D. Jósé Luis Rodríguez Zapatero. Artículo

PALABRAS DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA HACIA NUESTRA LABOR EN FAVOR DE LOS DERECHOS HUMANOS.


Mercedes Huertas. Poesía


CUENTO DE NAVIDAD


Mercedes Huertas
(Desde Valencia)

Marina Burana. Artículo





LA MUJER

    A veces la mujer siente esa necesidad de ser mujer, de expandir su belleza, su éxtasis corpóreo de vida en el mundo.

    Siente el lujo de su cielo, le quema la sangre de su género. Voraz busca la poesía de sus años, la reliquia de su misterio audaz y siempre oculto. Hurga como tigresa hambrienta y peleadora los infinitos universos de su alcurnia femenina. Sale al mundo devoradora, rústica, corrosiva.

    Voluptuosa prostituye su encanto o lo hace bálsamo inalcanzable. Todo es válido, por su hermosura, por su naturaleza única e irredenta. Todo se le termina perdonando a su hambre suave e impaciente.

    El hambre, que es su hombre, o el hombre que es su hambre, está a la espera de su magia, atento (aunque no lo diga) a su presencia montaraz y altiva.
Porque en su sangre hay selva y vida, fuego y frío. Y su hambre o su hombre en esa -que llaman- viril valentía, la ansía cercana y fuerte, púdica y bravía.

    La mujer sabe de dolores, de profundas capitulaciones, de héroes perdidos.
La mujer (esa que impulsa su nombre) sabe de oquedades lúgubres y eternas.
Sabe del sexo de reyertas, del amor pálido y del otro, ese que sólo a veces existe.

    Conoce la piel del olvido, el perdón de su vientre materno. Y aunque hiriente y herida, siempre a su niña dormida vuelve.

    La mujer (la mujer de mujeres) conoce el tedio de la soledad y no se lamenta. Conoce el amargo poema del tiempo, el miedo a la mustia vida que desgaja su joven gesta. Y sabe, más que todo, a dónde volver cuando así el sino lo requiera.


Marina Burana.
(Desde China)

Alberto de Paula. Poesía




 "Pobladores del mundo,
salvaguardemos esta belleza,
no la destruyamos".

Yuri Gagarin


DESDE EL PUNTO DE VISTA DE GAGARIN

Qué absurdas son las guerras
cuando no se dibujan fronteras
y qué hermosa esta noche celeste
sin las luces del neón.

Es el placer de vivir por vivir
cuando te sabes nada
y digieres, resignado,
la soledad de los demás.

Qué absurdo es el egoísmo
y la exclusión irracional
cuando la simetría perfecta
iguala norte y sur.

Todos los niños deberían ver este espectáculo
para sembrar el futuro.

Todos los políticos deberían ver este milagro
para mejorar el presente

Todos los avaros deberían ver esta riqueza
para despreciar cualquier precio.

Soy único espectador y comentarista
de este gran prodigio.
Soy incapaz de transmitiros la grandeza
de este pequeño punto azul en la negra eternidad.

Ahora que te tengo tan lejos
noto tu latido más cerca.



 Poemario "Cromatismo y Agua"
 Alberto de Paula
 (Desde Castellón, España).