domingo, 7 de agosto de 2011

Víctor José Maicas. Artículo




POR  QUÉ  SE  NIEGAN  TAN  ROTUNDAMENTE  A  REDISTRIUBIR  LA  RIQUEZA?


                Creo  que  ha  llegado  ya  el  momento  de  exigir  a  todos  aquellos  que  ostentan  el  poder  o  tienen  pretensión  de  tenerlo  a  corto  plazo,  que  nos  digan  bien  a  las  claras  por  qué  se  niegan  en  rotundo  a  redistribuir,  aunque  sea  mínimamente,  la  riqueza.

                Más  o  menos,  casi  todos  sabemos  el  porqué  (si  alguien  aún  tiene  dudas,  le  recomiendo  leer  mi  artículo  publicado  en  Bottup.com  “¿Qué  significa  el  dinero  para  los  ricos?”),  pero  al  menos  los  que  nos  gobiernan  deberían  tener  la  decencia  moral  de  no  seguir  engañando  a  la  ciudadanía  con  esa  “desinformación  manipulativa”  a  la  que  nos  tienen  acostumbrados.  Pero  más  que  acostumbrados,  lo  que  nos  tienen  es  ya  hartos,  sí,  ¡hartos!,  pues  no  hay  ninguna  justificación  moral  posible  ante  esa  pretensión  de  seguir  manteniendo  los  paraísos  fiscales  y  la  economía  especulativa  (creo  que  no  nos  consideran  a  todos  tan  estúpidos  como  para  creernos  que  si  las  grandes  economías  mundiales  están  de  acuerdo  en  suprimir  los  paraísos  fiscales,  países  como  por  ejemplo  Singapur  o  las  Islas  Caimán   nos  declararían  “la  guerra”)  ¡Ah!,  por  cierto,  supongo  que  ya  saben  que  de  cada  inversión  en  economía  productiva,  es  decir,  crear  fábricas  y  demás,  en  la  actualidad  existen  más  de  200  operaciones  de  economía  especulativa  (y  ya  deben  saber  también  que  los  especuladores  no  suelen  pagar  impuestos  como  el  resto  de  ciudadanos). 
E igualmente  es  una  indignidad  y  una  gran  falta  de  moral  pretender  que  sea  casi  únicamente  el  pueblo  llano  con  impuestos  indirectos  como  el  IVA,  o  con  la  supresión  de  parte  del  estado  del  bienestar,  el  que  pague  todos  los  desmanes  que  los  que  manejan  el  gran  poder  han  provocado  con  su  avaricia  y  ambición  sin  límites.  Pero  además,  lo  más  irritante  del  caso  es  que,  a  pesar  de  esta  gran  crisis,  a  las  grandes  fortunas  y  a  las  grandes  transacciones  financieras  no  se  les  pide  ni  un  mínimo  esfuerzo,  sino  más  bien  todo  lo  contrario,  pues  a  menudo  sus  “milagrosas”  (y  repugnantes,  por  decirlo  ya  sin  tapujos)  recetas  consisten  en  bajar  los  impuestos  a  los  más  pudientes  e  instaurar  probablemente  el  co-pago  sanitario  a  ese  63%  de  mileuristas  (y  también  al  resto  de  la  clase  trabajadora,  incluidos  autónomos)  que  apenas  pueden  llegar  a  final  de  mes.  Y  no  se  quedan  ahí,  no,  también  quieren  subir  las  tasas  universitarias  (como  antaño,  dentro  de  poco  sólo  podrá  estudiar  el  que  tenga  dinero),  alargar  la  jubilación  y  congelar  las  pensiones,  así  como  también  ligar  el  salario  a  la  productividad  (pero  claro,  no  se  crean  que  son  tontos,  si  la  empresa  gana  mucho  dinero  supongo  que  pondrán  un  tope  salarial,  mientras  que  si  los  beneficios  no  son  los  esperados…  “a  joderse  y  a  aguantarse  los  de  siempre”,  como  vulgarmente  se  suele  decir).
                Todos  sabemos  que  para  solucionar  el  agujero  que  ha  dejado  la  banca  a  nivel  mundial,  se  ha  utilizado  dinero  público  para  salvar  su  pellejo  (un  dinero  que  debería  dedicarse  a  ofrecer  préstamos  a  las  pequeñas  y  medianas  empresas,  así  como  también  a  mantener  el  estado  del  bienestar).  Pues  bien,  ahora  resulta  que  para  solucionar,  por  ejemplo,  el  déficit  de  las  autonomías,  no  se  les  pide  a  los  que  más  tienen  que  colaboren  proporcionalmente  con  sus  impuestos  como  lo  hace  cualquier  ciudadano,  sino  que  su  “mágica  solución”  es,  como  acabo  de  decir,  continuar  con  los  impuestos  indirectos  y  acabar,  casi  definitivamente,  con  el  estado  del  bienestar.  ¡Ah!,  y  si  tienen  tiempo  les  recomiendo  que  lean  mi  artículo  también  publicado  en  Bottup.com  “¡A  privatizar!”,  pues  ésta,  la  privatización,  es  otra  de  las  “grandes  soluciones”  que  algunos  recomiendan  para…  ¡acabar  de  expoliar  definitivamente  los  recursos  del  Estado,  es  decir,  los  recursos  de  todos  nosotros!
                De  todas  formas,  y  como  ya  he  dicho  en  alguna  que  otra  ocasión,  esa  avaricia  sin  límites  les  hace  caer  en  la  ceguera,  por  lo  que,  tarde  o  temprano,  será  la  gente  la  que  ya  asfixiada  y  sin  ningún  tipo  de  esperanza,  les  pida  responsabilidades  por  su  usurero  y  despreciable  comportamiento  (no  hay  más  que  dar  un  rápido  vistazo  a  la  historia  para  comprender  esto).  Eso  sí,  los  cambios  pueden  ser  dialogados,  siempre  y  cuando  reconozcan  a  tiempo  la  verdadera  situación  cada  vez  más  precaria  de  la  población,  o  traumáticos,  cuando  se  producen  en  el  momento  en  el  cual  una  gran  mayoría  ya  no  tiene  casi  nada  que  perder.
                Así  pues,  ellos  tienen  la  penúltima  palabra,  ya  que  el  pueblo,  que  todavía  está  esperando  una  solución  justa  y  dialogada,  es  siempre,  mal  que  les  pese, el  que  finalmente  tiene  la  última  palabra.



Víctor  J.  Maicas.
*escritor 
Desde Castrellón, España. 



sábado, 30 de julio de 2011

Daniel Gorosito Pérez. Artículo.



ENCUENTRO CON WASHINGTON…
                   ¿LA INDIGNACIÓN DESESTABILIZARÁ AL MUNDO?
Hace unos años el politólogo y geopolítico francés Dominique Moïsi, catedrático de la Universidad de Harvard y el Colegio de Europa e integrante del grupo Bildenberg, publicó un libro en el cual sostenía que posterior al ataque terrorista del 11-S la política internacional se ha regido por el “Choque de emociones”. Recordemos lo que con anterioridad su colega de Harvard, Samuel Huntington llamó el “Choque de civilizaciones”.
Pero según este hijo de un sobreviviente de Auschwitz, el miedo predominante en Occidente, la humillación y exclusión padecida por los pueblos musulmanes sumado a la alucinante esperanza que suscita el crecimiento económico en Asia, son las fuerzas principales cuya interacción definirá la geopolítica mundial, tanto  o más que las tensiones de identidad, el declive de algunas potencias y el ascenso de otras, la lucha por los recursos naturales o la creciente privatización de la violencia.
Hoy Moïsi debería agregar al miedo, la humillación y la esperanza presentes en su obra una cuarta emoción: la indignación. Un tsunami de indignación llega y golpea algunas costas del mundo. Aunque las causas no sean las mismas de los que protestan en España, México, Marruecos o Grecia entre otros, estas tienen su origen en sensaciones similares: el desencanto, la creciente ola de desconfianza, una gran frustración y un amargo desengaño.
Lo cierto es que entre estas protestas hay un denominador común que no puede ser ignorado, la idea de que en el mundo algo está fuera de orden y la sensación real de que quienes deben conducirlo correctamente no están haciendo de forma adecuada su labor.
Si bien es justo decir que algunos de los grupos de “indignados” no tienen bien claro que se debería hacer para cambiar la situación y a veces se carece de una agenda coherente así como de un liderazgo que pueda “aterrizar” las emociones en una hoja de ruta que ayude a llegar a los objetivos deseados.
                                                                                                                                     
La realidad es que a estas movilizaciones en diferentes puntos del planeta no se les puede ni debe subestimar; ni a ellas ni a la convulsión que pueden generar tanto en sus propias sociedades como en el exterior.
 Sabemos que la indignación no es suficiente para cambiar al mundo, pero respondiendo al título de este análisis me atrevo a decir que es una emoción lo suficientemente fuerte que si crece puede desestabilizarlo
          ¡Hasta el próximo encuentro…!
    
 Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez
Desde Uruguay
                                                           
e-mail:danielgorosito@prodigy.net.mx.

martes, 26 de julio de 2011

Daniel Gorosito Pérez. Poesía







MÉXICO CIEGO

La voz se traga las palabras,
retumba un grito agonizante.

Sopla el viento de la muerte.

Mientras,
los dioses dormitan
a pesar de la fiesta del grillerío.

Nervios ocultos bajo la piel urbana,
el moho cubre un pueblo entero.

Las tumbas las lava la lluvia.

Gotas extraviadas
rimando mil tormentas
en versos acuosos.

El dolor corre por las mejillas.

Mictlantecuhtli tiene mucho trabajo,
los periódicos venden mentiras
en un país que vive sin ojos.

Daniel Gorosito Pérez.
Desde Uruguay.

Víctor Marchán. Artículo






DERECHO A EQUIVOCARNOS

    «En mi opinión, el más inteligente es aquel que se llama a sí mismo “tonto”, aunque sólo sea una vez al mes». Esta frase, escrita por Fiodor Dostoievski hace ya cerca de siglo y medio (aparece en su relato Bobok, por si le interesa a alguien) me viene con cierta frecuencia a la cabeza.
    Claro que yo voy un poco más lejos y, directamente, no me fio de nadie que no reconozca hacer, al menos, una tontería a la semana. Quienes me conozcan un poco tal vez dirán que escribo esto para justificar ir a tontería diaria… y subiendo (no les culpo). Y quienes me conozcan un poco más quizá me manden algún correo rogándome que deje de leer autores muertos y salga a que me dé un poco el aire.
    Me temo que a ninguno de ellos les faltaría razón.
En cualquier caso parece que hoy en día es casi inconcebible que alguien lleve a cabo ciertos ejercicios de autocrítica. Aunque no seamos más que «bípedos implumes» (Platón) o simples «virus con zapatos» (Bill Hicks), los humanos hemos desarrollado (a la par que pulgares prensiles, la capacidad de pensamiento abstracto y un oído interno tan sofisticado que sólo escucha lo que quiere), un ego desproporcionado para unos seres que no hace tanto eran incapaces de incorporarse sobre sus cuartos traseros.
    El problema es que por mucho que tratemos de ignorar o justificar nuestras tonterías ocasionales, más o menos periódicas, éstas no pasarán desapercibidas a los ojos de los demás. Y, salvo que se trate de buenos amigos, difícilmente nos hablarán de ello porque quien ignora que ha cometido un error lo volverá a cometer. Táchenme de misántropo, pero creo que se sorprenderían de cuanta gente se regocija cada vez que los ve tropezar; por no mencionar a los que lo esperan con impaciencia para sacar tajada.
    Y no hablo ya (que también) de tonterías tan repetidas por todos y todas que casi se han convertido en un cliché, como volver con una antigua pareja o beber de más en una cena de empresa, no; hablo de algo bien distinto, hablo de una de las mayores y más recurrentes tonterías, hablo de permanecer callados.
    Interprétenlo como quieran: desde no confesar a alguien hacia quien nos sentimos atraídos cuáles son nuestros sentimientos, hasta mantener la boca cerrada ante agresiones a terceros cometidas delante de nuestras propias narices, pasando por no admitir que ese molesto y sospechoso olor en el ascensor es culpa nuestra, o ……… (en fin, rellenen ustedes la línea de puntos).
    Siendo el “quien tiene boca se equivoca” algo cierto, creo que lejos de asimilarlo correctamente, lo hemos llevado demasiado lejos.
    ¿Quien tiene boca se equivoca? Bien, ¿y cuál es el problema? Tenemos derecho a equivocarnos; dejemos el “derecho a permanecer en silencio” para cuando nos esposen y permitámonos correr el riesgo de meter la pata de vez en cuando. Claro que ciertos errores serían más llevaderos y más fácilmente corregibles si los reconociéramos y nos llamáramos a nosotros mismos “tontos”, al menos una vez al mes.
    Podríamos empezar por ahí.

Víctor Marchán.
Desde Madrid, España.

jueves, 21 de julio de 2011

Daniel Gorosito Pérez. Poesía



EL OTRO

Yo soy el otro.
Rimbaud

Los quejidos
y lamentos del otro,
no los oigo.

Me importa poco,
su color, credo, nacionalidad.

Es mi hermano,
es el otro.

La voz del otro no se escucha,
no tiene donde.

¿Por qué?
Porque lo ignoro,
o simplemente soy de los sordos
que no quieren oír.

Su mirada es la mía,
su voz es mi voz.

Aunque, no lo reconozco.
es el hilo conductor
de una humanidad,
que se deshilacha,
en vez de ser madeja,
unida, compacta,
uniforme en la diversidad.

La sombra del otro,
me cubre de penumbras la conciencia.
El otro me mira,
con una mirada misteriosa,
compasiva, misericordiosa,
amorosa, viva…

Son mis ojos.

Yo soy el otro.


Daniel Gorosito Pérez.
Desde Uruguay.

Víctor José Maicas. Artículo



ESCANDINAVIA: NATURALEZA Y BIENESTAR.


    Es difícil encontrar en cualquier otro lugar del mundo una armonía entre naturaleza y bienestar como el que se produce en estos países del norte de Europa. Un lugar en donde la solidaridad está presente tanto entre los individuos que allí viven, como la relación de éstos con su entorno natural.

    Por desgracia durante este principio del siglo XXI en lugar de imitar a estos países, la mayoría de los dirigentes mundiales se están dedicando a liquidar lo que todavía nos queda del Estado del Bienestar y, lamentablemente, siguen también sin adoptar medidas eficaces para conservar la naturaleza.
   Recortes sociales en infinidad de países y desastres nucleares como por ejemplo el de Japón, siguen ocupando las portadas de los medios mientras que, ni por asomo, se les ocurre a nuestros dirigentes tomar medidas contundentes contra la emisión de gases contaminantes o hacer desaparecer definitivamente los paraísos fiscales, así como otras medidas como podría ser aplicar eficazmente un impuesto a las transacciones financieras para de esa forma intentar no tener que desmantelar lo poco que nos queda de ese Estado del Bienestar
    Así pues, en esta ocasión les hablaré brevemente de lo que pude observar en estos países escandinavos a través de un mar diferente, de un mar sobrio y frío que sólo ofrece su cara más amable en los dos meses escasos en que dura su verano. Sí, estoy hablando del mar Báltico, cuyas aguas bañan, entre otras, las costas de Suecia, Noruega y Dinamarca. Las visité precisamente en esa época, en esa estación en la que la noche se confunde con el día, y en la que el sol se empeña día tras día en mostrar sus virtudes en detrimento de una oscuridad que apenas se deja entrever. Los paisajes son espectaculares y sus inmensos bosques verdes son acariciados por infinidad de riachuelos originados por el deshielo, iniciado unos meses atrás. Cada ladera de montaña deja caer sus lágrimas hacia un río que no lo es, puesto que los fiordos son parte de un mar que hace millones de años decidió adentrarse hacia el interior de aquellas tierras para, posiblemente, descubrir así su inmensa belleza. La naturaleza, sin lugar a dudas, se muestra en toda su plenitud en esta parte del planeta.
    Los frutos de sus árboles se mezclan con el aroma de sus flores, y atentos a todo esto se encuentran ellos, los glaciares, esas inmensas formaciones de hielo permanente que advierten a sus vecinos que aprovechen el tiempo, ya que su benevolencia no será eterna. El estallido de la época estival es todo un acontecimiento por estos lares, ya que el resto del año significa la eterna espera «de lo esperado». Se vive, se siente y se sueña de una forma diferente durante esos dos mágicos meses que todo lo envuelven de luz y calor, pues por lo que me comentaba la gente del lugar, el invierno es una época de recogimiento, de largas tardes en casa huyendo de ese frío polar que todo lo puede con sus temperaturas que rayan, en la mayoría de ocasiones, en la insolencia.
    Visité varias ciudades, pero hoy sólo les hablaré de un par de ellas. Una de las que más me impresionó por su belleza, fue sin duda Estocolmo. Su conglomerado de pequeños islotes, unidos entre ellos por una infinidad de puentes, le dan a la ciudad un cierto aire de hermanamiento con el mar. Su casco viejo, el Gamla Stan, mezcla la belleza de sus antiguas casas con la majestuosidad de su Palacio Real. Allí, si coincides en el horario, te puedes ver sorprendido por unos soldados con uniformes centenarios que pasan en formación por tu lado a la espera de realizar el típico relevo de guardia. Sí, el casco viejo de esta ciudad te sorprende a cada paso, mientras que sus innumerables canales te trasladan a infinidad de bosques dentro de la ciudad, demostrando una vez más el amor que estos pueblos sienten por la naturaleza y el mar.
    Pero no sólo Estocolmo me mostró sus encantos, pues también Copenhague lo hizo. Se dice de los daneses que son los latinos del norte, y la verdad es que así me lo pareció al visitar su capital. Quizá fue sólo una impresión, pero pude observar cómo en ella hay más vida en la calle que en el resto de ciudades de esta zona. Su antiguo puerto, El Nyhavn, es un hervidero de juventud al caer la tarde durante el período estival. Sus calles peatonales están repletas de gente, y el aspecto de las mismas y de sus casas se asemeja, salvando las distancias, a las de cualquier calle de Ámsterdam. La ciudad rebosa vida, y la mirada de sus gentes te contagia ese bienestar y seguridad que produce una sociedad sana en sus habitantes.
    Como más o menos mucha gente ya sabe, estos países están organizados en sociedades solidarias en donde todo el mundo ha de colaborar según sus posibilidades. Pondré un simple ejemplo: según me indicaron, aparte de que el Estado se preocupa en facilitarte el alquiler de una vivienda, cada inquilino paga la renta acorde a sus posibilidades económicas, con lo cual es el Estado el que, en caso de tener un sueldo bajo, te ayuda para conseguir pagar dicho alquiler. Lógicamente, si tu vecino tiene mucho más poder económico, no recibirá ninguna subvención por parte de éste. Esto sólo es un ejemplo, pero diré que es también el Estado el que ayuda a los jóvenes a que se independicen mientras están cursando sus estudios universitarios. Las madres tienen casi un año de permiso con sueldo al nacer sus hijos, y una vez pasado este tiempo, son ellas las que deciden si prefieren seguir educando a sus hijos un par de años más, a cambio de una lógica reducción de su salario. En todo caso, siempre tienen la elección de unas magníficas guarderías subvencionadas por el Estado.
    De todas formas, y a pesar de lo dicho, podría seguir enumerando un sinfín de ventajas que ofrece este Estado del Bienestar al que, según parece, ahora hay algunos que tratan de poner en entredicho, sin duda, en pos de instaurar en la sociedad actual ese neoliberalismo económico que tantos beneficios genera a los de siempre, es decir, a los más pudientes o, lo que podría ser lo mismo, a algunos de aquellos que en definitiva originaron esta reciente crisis financiera y que, paradójicamente, ahora en vez de hacerles pagar sus errores resulta que nos quieren hacer creer que todos los males provienen de todo lo público (precisamente “eso público” que les ha salvado el pellejo a unos cuantos). En fin, ver para creer.


Víctor J. Maicas
*escritor
Desde Castellón, España.

Enrique Arias Vega. Artículo




REPLIEGUE DE ESTADOS UNIDOS

Los Estados Unidos de Barack Obama han comenzado el repliegue de sus tropas y de su política geoestratégica coincidiendo, no por casualidad, con una etapa de crisis económica.
Ahora es la oportunidad de Europa de demostrar su supuesta talla militar y diplomática en un mundo en el que China aspira a ocupar el vacío que deja Estados Unidos.
Durante un siglo, los norteamericanos se han dedicado a solucionar problemas ajenos en todo el mundo, pero sobre todo en el viejo continente, al que salvaron en dos guerras mundiales y al que le resolvieron el peliagudo conflicto de los Balcanes.
El precio del desproporcionado esfuerzo bélico de EEUU ha sido un menor bienestar social interior del que merecían unos ciudadanos con el mayor PIB del mundo, para reproche condescendiente de los europeos, que han vivido espléndidamente a costa del sacrificio ajeno.
Mientras tanto, la ufana Europa ha sido incapaz de mostrar una estrategia militar común, con sus mandos más preocupados en cuestiones de competencia nacional y de destinos mejores que sus vecinos antes que en acciones bélicas mancomunadas y eficaces.
Pero si falla la política común sobre la inmigración, la bacteria e.coli, el conflicto palestino o el rescate económico de Grecia, ¿por qué iba a funcionar mejor la coordinación militar cuando eran otros los que nos sacaban las castañas del fuego?
Ese escenario parece haber cambiado. Ahora que EEUU se repliega para solucionar mejor sus propios problemas económicos y sociales, veremos qué podrá hacer sola una Europa cuyo bienestar se acaba y a la que no le sobrará dinero ni para poder defenderse.


Enrique Arias Vega
Desde Valencia, España