sábado, 22 de octubre de 2011

María Dolores Herranz. Poesía.



SI DE VERDAD ME QUIERES

Si de verdad me quieres…
no rompas mis alas
no impidas mi vuelo.
Si de verdad me quieres
respeta mi tiempo.
No ates mis patas
no trunques mis sueños.
Si un poco me quieres
no cubras el cielo.
Será un vuelo corto
ya muy poco espero:
enseñar los dientes
ver el sol de nuevo.
Encubé tu nido
cuidé los polluelos
a cambio te pido,
te exijo un respeto.
Estoy en mi ocaso
oscuro está el cielo
los escasos sueños
son todo mi anhelo.
Madera en el monte
el agua en la fuente
la flor en el campo
sin cuerpo presente.


María Dolores Herranz.
Desde Valencia. España.

Lidia Leticia Risso. Poesía




Y LA PAZ…., QUE NO LLEGA

Banderas oxidadas,
embriagadas de tristeza
y diferentes culturas
que sufren
los envistes del dolor
y el estupor de una bomba
como resultado
de tanta bajeza.

Lenguas que olvidadas
fueron arrebatadas
como signo indigno
de la identidad
de la pobreza.

Servilismo
de gruesas cadenas
de hambre,
de todos colores,
si negro, si blanco,
si azul o amarillo.
Todos somos el producto
de ese crisol de razones
que busca explicaciones
y no las encuentra.

Allá…, en aquel lugar
que ocuparon
girasoles orgullosos,
que erguidos saludaban,
hoy avanza el pasto seco;
no ha lugar a la alabanza.

Y la paz….,que no llega
y el agua que se diluye
y la dignidad que no alcanza.

Abracemos el aire,
las flores, las plantas,
y solo unidos y juntos
podremos construir
la mejor de las mañanas’’.


Lidia Leticia Risso.
Desde Argentina.

Enrique Arias Vega. Artículo





EL PADRE DE STEVE JOBS


    Se han publicado estos días varios reportajes sobre el desconocido padre biológico de Steve Jobs, tras el fallecimiento del fundador de Apple.
Más allá de la rocambolesca peripecia vital de John Jandali, que así se llama el aludido, lo que me ha llamado la atención es que el hombre sigue en activo a los 80 años: es director general de un casino en Reno y ¡con 78 años! fue ascendido a ese puesto desde el de jefe de recepción.
   ¿Alguien se imagina algo semejante en España? Imposible. Aquí se considera amortizable al personal de poco más de 50 años y, hasta hace dos días, como quien dice, nuestras autoridades han estado propiciando su prejubilación, eso sí, con el dinero de todos los españoles.
    Sin llegar, por supuesto, a las indecentes retribuciones de López Abad, José Luis Pego y demás caraduras que han malversado los fondos de nuestras cajas de ahorros, el estar manteniendo ociosas a personas con plena capacidad productiva supone un brutal despilfarro que así nos ha llevado al precipicio.
Eso no sucede en Estados Unidos, como hemos visto, por lo que su productividad es más alta que la nuestra, su mercado de trabajo resulta más adaptable y la salida de la crisis económica se produce con más rapidez.
    Aquí, en cambio, nos hemos instalado en un lamentable “estado de derroche”, como decía el empresario Juan Roig esta misma semana. Según el dinámico presidente de Mercadona, es preciso que pasemos inmediatamente de la “cultura del maná a la del esfuerzo y del trabajo”.
    Si no lo hacemos, nos quedaremos en el hoyo cuando otros países remonten el vuelo.


Enrique Arias Vega
Desde Valencia.
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Lidia Leticia Risso. Poesía



INDOLENCIA

Emanan
las palabras
tiranas
como grandes
bocanadas
de fuego
adverso.

Convergen
en un ámbito
de pertrechos,
ubicado
en sus propias
gargantas.

Desordenan
el orden
y malgastan
sus armas.

Su órbita,
desorbita
su lengua,
y no mengua
su intención
malsana.

Su poca
reflexión
desobedece,
y su corazón
y sus neuronas
no paran.

Generan
Odio pero…,
el boomerang
del tiempo
les traerá
de regreso
sus cuerpos
sin alma.

Lidia Leticia Risso.
Desde Argentina.



Enrique Arias Vega. Artículo





SALTEADORES DE BANCOS (Y DE SUS CLIENTES)


    Escandalizada por los sueldos estratosféricos de nuestros financieros, me pregunta una amiga: “¿Por qué los pequeños accionistas les damos cada año el voto a los consejeros de los bancos a cambio de un paraguas o de una toalla de mal gusto?”.
    No se refiere solo a los millones que se han llevado Modesto Crespo, José Luis Pego, López Abad y otros saqueadores de las cajas de ahorro. Su protesta incluye también las cuantiosas retribuciones de nuestros principales banqueros: Emilio Botín, Alfredo Sáez, Paco González y compañía.
    Todos esos sueldos son legales, por supuesto, y los pequeños accionistas, como mi amiga, ni pinchan ni cortan porque esas corporaciones financieras las controla un puñado de individuos que funcionan como un sindicato de intereses.
    Lo peor es que sus indecentes emolumentos no salen ya de un tradicional beneficio financiero venido a menos por la concentración de riesgos, la falta de liquidez, la dificultad del crédito, el límite a los intereses de los depósitos y la competencia de las instituciones públicas (con sus bonos patrióticos) a la hora de captar dinero.
    Así que ya lo vemos: para que ese puñado de individuos puedan llevárselo crudo, nos suben el coste de las tarjetas de crédito, se inventan comisiones por operaciones de chichinabo y hasta nos cobran por transferir dinero entre cuentas de la propia entidad bancaria.
    De seguir así, acabaremos pagando por el mero hecho de entrar en un banco y tendremos que hacer las operaciones nosotros mismos por falta de personal mientras que consejeros y ex consejeros vivirán como marajás en la más absoluta impunidad.

Enrique Arias Vega.
Desde Valencia.



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Lidia Leticia Risso. Poesía



EN LLAMAS


Si por la paz
se vive
o se muere,
o si el vivero
de la vida
ya no germina,
será
porque sus semillas,
ya no son
el nutriente,
que ahora
infértil,
la tierra rechaza.

El espíritu
se fundió
en el Universo,
se voló una mañana
que todo estaba
disperso.

Las familias
fueron arrasadas
por la muerte,
esa muerte
estéril
de un país
en llamas.

Paloma
que aún respiras,
elévate
hasta tocar
el cielo.

Y por favor,
ve y dile
a nuestro Padre,
que ya se nos
hace imposible,
poder sobrevivir
en este suelo.


Lidia Leticia Risso.

Desde Argentina.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Isabel Oliver. Poesía.




HEPTASÍLABOS TRISTES PARA UNA NIÑA MENDIGA


¡Pobre niña mendiga!
Pobre como la nada.
El futuro te mira
y huye despavorido.
Tus manos extendidas
atrapan el vacío.
Piensas que el sentimiento
es el dolor que cabe
en una caja rota
donde se guarda el alma.
Reina niña mendiga
rata de estercolero
viviendo en la inmundicia.
No sabes que la música
vibra con siete notas
y teje un canto inmenso.
No sabes que le bastan
sólo veintiocho letras
a la sabiduría
para crecer en páginas
llenas de pensamiento.
Sí sabes que los años,
que con trabajo cumples,
-porque te lo contaron-
sólo son accidente.
Se le escapó a tu madre
sin poder retenerlo
el último suspiro
al querer asfixiarte
apretando las piernas
aquel día en el parto,
al propagar el círculo
solemne hacia la huída.
Te has quedado sin besos;
sin oír el latido
del corazón materno
al acercar la boca
buscando el alimento.
Te has quedado sin nanas.
No tienes el recuerdo
de una canción de cuna
donde ha bailado el sueño.
Cuando un día una rata
te trasmita la rabia
nadie te echará en falta.
No estás en los registros.
Ni siquiera eres número
en la sala de espera
de algún ambulatorio.
Así te he visto hoy
cuando el telediario
habló de tu tragedia.
Con tus ojos de súplica
e infantil inocencia
me pides ese tanto
por ciento que me sobra.
Piensas que curará
tu sed y hambre antiguas
de tierra desnutrida.
Llorando con tus lágrimas
resbalo por tu mano
tendida sin caricias.
La infancia se ha quedado
a vivir en tus ojos:
no quiere abandonarlos
sin cobrar el tributo
de los momentos cálidos.
Ellos te pertenecen
como el circo al payaso.
Como la risa limpia
al juego con muñecas.
Como el sueño a los párpados.
Es mejor que no veas
mi mundo de egoísmo.
Que no huelas siquiera
mi cuerno de abundancia.
Tú estás acostumbrada
a la humedad verdosa
de la fría mañana.
A perseguir al pájaro
que ha caído del nido.
A atrapar cucarachas.
A guardar lagartijas
dentro de una botella.
A despeñarla hiriente.
A mirar como rueda
mientras se va quebrando
con chasquidos de muerte.
¡Son tan crueles tus juegos!
Y tu supervivencia
conoce fantasías
de olor a pegamento.
No sé qué cara tienes.
¡Estás tan alejada!
No veo en mi horizonte
tu triste tercer mundo.
Ya me he acostumbrado
a ser mero expectante
ante el dolor ajeno.
Tú que tienes la fuerza
de despertar conciencias
dame de tu riqueza
hoy que pobre me siento.


Del libro "Veinte años de poesía"

Isabel Oliver González
Desde Valencia, España.